Sunday, June 16, 2019
Thursday, June 6, 2019
Mensaje de la Conferencia Episcopal de Honduras, sobre la situación
MENSAJE
“Que el amor sea sincero: ¡detesten el mal y apéguense al bien!,
(Rom. 12,9).
Los Obispos miembros de la Conferencia Episcopal de Honduras (C.E.H.), al celebrar la Asamblea Plenaria, durante los días 03 al 07 de Junio del presente año, hemos orado, reflexionado y discernido sobre la situación en que se encuentra nuestra patria, con la intención de asumir compromisos que queremos compartir con nuestros hermanos y hermanas en la fe y con las personas de buena voluntad.
Consideramos que los principales problemas que más preocupan a la ciudadanía son el alto costo de la vida, el crimen y la violencia, el desempleo, las deficiencias graves en los sistemas de salud y educación, la corrupción. Pero hay otros problemas que son igualmente susceptibles de provocar conflictos, tanto o más graves que los que estamos viviendo en estos días, en referencia a la salud y la educación: problemas en la forma de legislar del Congreso Nacional de Honduras, problemas en las decisiones del Ejecutivo, en las crisis de empresas estatales, en los servicios de energía, agua, transporte, etc.
Si cada problema deriva en conflictos como el que ahora estamos viviendo, acerca de los sistemas de salud y de educación, y si cada conflicto es manejado con la misma ineficiencia, las consecuencias pueden hundir a Honduras en una crisis muy difícil de superar.
Por eso, se hace aún más dolorosa y comprensible la indignación de la mayoría de la población, el sufrimiento de los más pobres, la decepción de los jóvenes, el miedo de los migrantes, la angustia de los enfermos, la impotencia frente a la corrupción y la impunidad, el cansancio de quienes luchan por una Honduras mejor sin ver resultados.
Creemos que la gravedad que adquieren muchos conflictos se debe, en primer lugar, a la forma incorrecta con que los manejan los poderes del Estado; en algunos casos siendo los causantes del problema y, en otros, por no saber resolverlos con los recursos propios de una democracia participativa, y dejando que el paso del tiempo haga que se resuelvan por sí mismos, cuando en realidad sólo se agudiza su conflictividad.
Otro ingrediente que agrava los conflictos es la politización que los complica aún más, introduciendo dobles agendas y empañando la claridad de los objetivos por los que se lucha.
No dudamos de que las manifestaciones de protesta tienen la intención de ser pacíficas, pero permitir la infiltración de elementos violentos desmerita la finalidad que persiguen y conculcan otros derechos de la población que también deben ser garantizados.
La responsabilidad de la policía es garantizar el orden y la seguridad de toda la población. Sin embargo, algunas actuaciones policiales, pueden calificarse como de fuerza desproporcionada y con esto añaden otro elemento de gravedad a los conflictos.
Nos preocupa en gran manera el futuro de nuestra Honduras, al pensar que si problemas coyunturales no se saben resolver adecuadamente, ¿cómo podremos resolver aquellos que por ser estructurales exigen un serio ordenamiento de todos los elementos de que consta un Estado de Derecho?
Una Constitución violada cuantas veces convenga, unos poderes que no son para nada independientes, un Congreso que se ha convertido en un teatro de pésimos actores, dándole la espalda al pueblo. La necesidad de un poder electoral que garantice la transparencia de los sufragios y destierre de una vez por todas los delitos electorales. Unas instituciones del Estado quebradas por la corrupción, una paralización de la economía, sobre todo en el agro, una vergonzosa venta de los bienes naturales de nuestra tierra. Una falsa reforma del Código Penal, que simplemente lo convierte en un instrumento de protección a los corruptos y narcopolíticos, con apariencia de ser mejor por el hecho de endurecer las penas a los supuestamente más “peligrosos”, que acostumbran a ser los jóvenes marginados y los pobres desesperados por subsistir.
Esto, y mucho más, hace brotar de nuestros corazones un ¡Basta ya!
Es necesario enderezar la marcha de Honduras, desde el compromiso de rescatar unos valores éticos que se han ido perdiendo o debilitando en la medida en que las crisis no han sido debidamente solucionadas. Nos preocupa grandemente la decadencia moral en que está cayendo nuestro país. Nunca es lícito hacer el mal para obtener un bien.
EL RESPETO A LA LEY. Obligación de la autoridad es emitir leyes justas, conformes a la dignidad de la persona humana y en orden al bien común. Cuando no actúa así, la autoridad se vuelve ilegítima y pierde el derecho a ser obedecida.
Educar en el conocimiento y respeto a las leyes es una tarea pendiente y urgente a todos los niveles, incluyendo a los mismos legisladores para que dejen de aprobar lo que ni siquiera han leído o comprendido.
LA CONFIANZA. La que se ha ido perdiendo y que consiste en la esperanza firma en lo bueno que hay en las personas y en las instituciones.
La decepción que pueden provocar muchas situaciones conflictivas no ha de llevarnos a creer que no nos podemos fiar de nadie, a desconfiar de todo. El salmo 37,3 nos hace esta invitación: “Confía en el Señor y haz el bien, establécete en la tierra y mantente fiel”.
LA ÉTICA POLÍTICA. “Una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia” (Juan Pablo II “Centesimus annus”, 46).
La honorabilidad de la autoridad política y el derecho a hacerse respetar por el pueblo, depende de que sean moralmente rectos los fines que persigue y los medios que utiliza para ello.
Con frecuencia, las manifestaciones de protesta de la sociedad no son para atacar a los políticos sino para defenderse de ellos y de sus abusos.
LA VERDAD. No es un producto decidido por la mayoría y condicionado por los intereses y acuerdos políticos. La convivencia social es ordenada y respetuosa del ser humano cuando se fundamenta en la verdad. Por eso, la búsqueda de la verdad fundamenta el verdadero diálogo.
EL DIÁLOGO. La solidaridad, como fruto de la preocupación de unos por otros, nos acerca al diálogo como camino e instrumento de la búsqueda de una comprensión mutua que facilite rebajar tensiones y encontrar, en medio de conflictos, posibilidades de acercar posiciones y de ver con mayor claridad dónde está el bien común. Dialogar no es obtener a toda costa lo que yo pienso; es buscar juntos qué es lo mejor para el Bien Común. El diálogo fracasa cuando alguien no quiere escuchar por creerse poseedor de la verdad.
Queremos hacer un llamado a las Instituciones del Estado para que por las mismas facultades que les concede la Ley y el sistema republicano cumplan con sus deberes.
Queremos hacer un llamado a toda la sociedad para que, desde la realidad en que vive cada persona y cada grupo, considere la necesidad de sumarse a la búsqueda de caminos de solución para Honduras. Sea por medio de pactos, acuerdos, reformas, plataformas, el plebiscito o el referéndum, leyes de iniciativas ciudadana, etc. Vayamos tomando conciencia de que sí es posible un cambio para mejorar y el compromiso de lograrlo solidariamente.
Nosotros, como cristianos queremos confiar este proceso de la historia de Honduras a la Madre del Señor, Nuestra Señora de Suyapa a cuyo amor e intercesión nos acogemos.
Ciudad de Tegucigalpa. 06 de Junio de 2019.
CONFERENCIA EPISCOPAL DE HONDURAS
Monday, November 7, 2016
Carta a los obispos de la Conferencia de Religiosas y Religiosos de Honduras
Carta: Para
los obispos de la Conferencia Episcopal de Honduras. De: las hermanas y
hermanos participantes de la asamblea anual de la CONFEREH.
“Dichosos los
que tienen hambre y sed de justicia,
porque Dios
los saciará” Mt 5, 6.
Nosotras hermanas
y hermanos de la Vida Consagrada que nos encontramos reunidos en la Asamblea
del 18 al 21 de octubre de 2016 en Tres Rosas Valle de Ángeles, Tegucigalpa;
queremos expresar una palabra solidaria y comprometida desde nuestro ser
discípulas y discípulos de Jesús en esta casa común de Honduras.
Hermanos Obispos,
unidos con el sentir que ustedes expresaron en el escrito que recientemente
presentaron al pueblo de Dios sobre las problemáticas y desafíos que se dan en
el país. Queremos expresar algunos aspectos que nos preocupa de esta realidad:
1.
La privatización de los bienes públicos y del
Estado, como el agua y la energía eléctrica; así como los conflictos que ha
generado los puestos de peaje en el norte del país.
2.
La ola de asesinatos de jóvenes en los barrios que
viven en la periferia de nuestras ciudades y las comunidades rurales.
3.
La migración masiva de la niñez, juventud y
mujeres madres que huyen de la violencia y del empobrecimiento de los hogares.
4.
Los asesinatos en aumento de los defensores y
defensoras de derechos humanos y ambientales. “Entre 2002 y 2014, 111
defensores y defensoras de los derechos humanos fueron asesinados como castigo
por su trabajo: 12 de ellos únicamente en 2014 y 8 en 2015.
El 2 de marzo 2016 fue asesinada Berta Cáceres. En el 2013 fue asesinado Tomas García, y en marzo 2016 fue asesinado Nelson García. En La Paz, durante 2015, fueron asesinados al menos 3 indígenas Vinculados a la lucha contra las represas. El 27 de agosto del 2014 mataron a tiros, a la dirigente campesina Margarita Murillo” (GLOBAL WITNESS, 2016).
Conocemos con dolor, que el 19 de octubre se dio el asesinato de José Ángel Flores presidente del MUCA, en el bajo Aguan, junto con Silmer Dionisio George, ambos tenían medidas cautelares otorgadas por la CDIH.
El 2 de marzo 2016 fue asesinada Berta Cáceres. En el 2013 fue asesinado Tomas García, y en marzo 2016 fue asesinado Nelson García. En La Paz, durante 2015, fueron asesinados al menos 3 indígenas Vinculados a la lucha contra las represas. El 27 de agosto del 2014 mataron a tiros, a la dirigente campesina Margarita Murillo” (GLOBAL WITNESS, 2016).
Conocemos con dolor, que el 19 de octubre se dio el asesinato de José Ángel Flores presidente del MUCA, en el bajo Aguan, junto con Silmer Dionisio George, ambos tenían medidas cautelares otorgadas por la CDIH.
5.
Preocupa que en algunas parroquias de las diócesis
se está marginando y excluyendo a agentes de pastoral de la participación
eclesial, por estar comprometidos con organizaciones de defensa de derechos
humanos y ambientales, especialmente en los pueblos indígenas.
Ante esta
realidad de muerte organizada y sistemática hacia los defensores y defensoras
de los bienes naturales y los derechos humanos de las comunidades campesinas e
indígenas; donde los conflictos son generados por los empresarios mineros y de hidroeléctricas,
con las comunidades y líderes que defienden los bienes naturales, el patrimonio
cultural y comunitario. Queremos renovar nuestro compromiso de discípulas y
discípulos de Jesús desde nuestros carismas fundacionales, en comunión con el
pastoreo que ustedes desarrollan en las diferentes diócesis del país.
Dejándonos llevar
por el Espíritu Santo, proponemos:
1.
Salir de nuestro capillismo congregacional y
parroquial para el encuentro con los pueblos empobrecidos y excluidos que están
a la puerta de nuestra casa y templos.
2.
Estar abiertos al diálogo y al compromiso
solidario en acciones y procesos con los diferentes grupos organizados que
buscan defender y cuidar los bienes naturales.
3.
Denunciar las acciones corruptas de los servidores
del Estado que favorecen a las empresas extractivas, sin realizar las consultas
previas y de buena fe en las comunidades, junto con estudios amañados de
impacto ambiental. Como la privatización del agua en los municipios.
4.
Denunciar las acciones violentas y criminalización
que realizan los empresarios de la minería e hidroeléctricas, y mono cultivos,
hacia las comunidades campesinas e indígenas.
5.
Denunciar a las autoridades policiales y militares
que violan los derechos humanos en las comunidades y con sus líderes.
6.
Establecer redes intercongregacionales en las
diócesis, en procesos pastorales a favor de la justicia y rescate de las
situaciones de violencia sistemática.
7.
Promover y exigir a los medios de comunicación
católicos la difusión de las denuncias y los compromisos solidarios en estas
causas evangélicas de la defensa y cuido de los bienes naturales,
biodiversidad y territorios comunitarios; principalmente en defender a las y
los líderes defensores de las comunidades.
8.
Apoyar como Iglesia las denuncias y procesos
formativos del Equipo de Reflexión e investigación y comunicación, SJ (ERIC);
que están realizando actualmente ante las injusticias y corrupción que se dan
en el país.
Finalizamos
haciendo votos de seguir caminando en comunión y sirviendo al pueblo que camina
en nuestro territorio, junto con toda la creación regalada por Dios. Citamos
las palabras inspiradoras del papa Francisco, en la bula de la misericordia:
“No será inútil en este contexto recordar la
relación existente entre justicia y misericordia. No son dos momentos
contrastantes entre sí, sino dos dimensiones de una única realidad que se
desarrolla progresivamente hasta alcanzar su ápice en la plenitud del amor. La
justicia es un concepto fundamental para la sociedad civil cuando, normalmente,
se hace referencia a un orden jurídico a través del cual se aplica la ley” (#20).
Unidos en Cristo, la Conferencia de religiosas y
religiosos de Honduras
Las Tres Rosas, Valle de Ángeles; 20 de octubre de
2016
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Obispos de Honduras
Saturday, October 15, 2016
Carta de la Conferencia Episcopal de Honduras
Mensaje de la Conferencia Episcopal de Honduras al
pueblo de Dios
A los responsables políticos, a los partidos, a cada uno de los elegidos para
representar la soberanía del pueblo les pedimos que se dediquen con más fuerza
a conocer mejor la realidad de nuestra Honduras.
Superar tensiones y enfrentamientos piden obispos
CLAUSURA DEL JUBILEO DE LA MISERICORDIA
(Mensaje de la Conferencia Episcopal de Honduras
al pueblo de Dios)
Nosotros, Obispos de la Iglesia Católica de
Honduras, reunidos en la última Asamblea Ordinaria del año, hemos revisado lo
vivido en cada Diócesis durante los últimos meses y hemos decidido compartir
con todo el pueblo santo de Dios que camina en Honduras algunas de nuestras
reflexiones.
Cuando estamos ya cerca de la Fiesta de Cristo Rey
y, por tanto, de la conclusión del Jubileo de la Misericordia, hacemos nuestras
las indicaciones expresadas por el Papa Francisco en la Bula de convocatoria de
este año de gracia.
“El Año jubilar se concluirá en la
solemnidad litúrgica de Jesucristo Rey del Universo, el 20 de noviembre de
2016. En ese día, cerrando la Puerta Santa, tendremos ante todo:
1.- Sentimientos de gratitud y de
reconocimiento hacia la Santísima Trinidad por habernos concedido un tiempo
extraordinario de gracia.
2.- Encomendaremos la vida de la Iglesia, la humanidad entera y el inmenso cosmos al Señorío de Cristo, esperando que derrame su misericordia como el rocío de la mañana para
3.- una fecunda historia, todavía por construir con el compromiso de todos en el próximo futuro...
4.- para poder ir al encuentro de cada persona llevando la bondad y la ternura de Dios. A todos, creyentes y lejanos, pueda llegar el bálsamo de la misericordia como signo del Reino de Dios que está ya presente en medio de nosotros”, (MV 5).
2.- Encomendaremos la vida de la Iglesia, la humanidad entera y el inmenso cosmos al Señorío de Cristo, esperando que derrame su misericordia como el rocío de la mañana para
3.- una fecunda historia, todavía por construir con el compromiso de todos en el próximo futuro...
4.- para poder ir al encuentro de cada persona llevando la bondad y la ternura de Dios. A todos, creyentes y lejanos, pueda llegar el bálsamo de la misericordia como signo del Reino de Dios que está ya presente en medio de nosotros”, (MV 5).
En cada una de nuestras Diócesis, parroquias, comunidades tendremos celebraciones especiales para hacer memoria de lo vivido y expresar nuestra acción de gracias. Cada una de las comisiones pastorales nacionales, diocesanas y parroquiales continuará y completará la revisión iniciada en la Asamblea Nacional de Pastoral en torno a esta especial contemplación de la misericordia y asumirá las indicaciones que se derivan para su tarea. Igualmente los diversos consejos y estructuras de comunión y participación de las Diócesis y parroquias deberán realizar esa memoria agradecida que oriente el compromiso para el futuro.
Damos gracias a Dios porque nos ha dado la ocasión
de recordar que “la misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la
Iglesia” y que “la primera verdad de la Iglesia es el amor de Cristo”, (Cfr. MV
10.12). Damos gracias a Dios porque misericordiosamente acompaña nuestro camino
y perdona nuestras infidelidades y nuestros miedos a salir y a comprometernos
en un testimonio más coherente del cariño de Dios que a todos llama, perdona y
pone en pie.
Reconocemos que la bondad y la ternura de Dios
abren caminos para una fecunda historia y, por ello, consideramos que hemos de
cuidar más nuestras actitudes y destrezas de acogida, de escucha, de perdón. Al
decir nuestras, nos referimos a las de cada uno de nosotros Obispos en nuestra
tarea episcopal y, también, a las de los presbíteros y las de toda la comunidad
cristiana bajo nuestra guía.
Queremos revisar los tiempos, los lugares, las
modalidades de acogida y acompañamiento personal que dedicamos en nuestra
acción pastoral y nos comprometemos a dedicar más tiempo a escuchar,
especialmente a los que viven en las más contradictorias periferias
existenciales. Para hacernos cercanos a nuestros hermanos necesitaremos vencer
tentaciones burocratizadoras y salir a la calle.
Gracias a las peregrinaciones que nos han llevado
hacia las puertas de la misericordia en cada una de nuestra Diócesis, hemos
salido más a la calle. Lo hemos hecho en este año, décimo aniversario de
nuestra Carta Pastoral“Por
los caminos de la Esperanza”. Releemos lo que escribimos y constatamos, en la
calle, con dolor que los retos y tareas señaladas siguen ahí y que sigue,
también, el sufrimiento de la mayoría del pueblo. Pero el haber ahondado en la
experiencia de la misericordia entrañable de Dios, de su amor incondicional por
cada uno, nos compromete a seguir abriendo caminos para el Reino de Dios y para
que la tierra goce porque Dios reina (Sal 97/96).
La Carta Pastoral“Por los caminos de la Esperanza” la dirigimos hace 10 años
especialmente “a los gobernantes, a los partidos, a todos los miembros de la
sociedad civil”. Han pasado diez años difíciles, en los que hemos vivido
tensiones y enfrentamientos que más que ayudado nos han alejado de afrontar las
tareas que nos lleven a una sociedad más justa. En estos años, como Iglesia nos
hemos visto desconcertados y reconocemos no haber sabido ser en medio de
gobernantes, partidos y miembros de la sociedad civil un instrumento de paz, de
concordia y un estímulo para la renovación de una convivencia justa, sin
excluidos ni marginados. Pedimos perdón. Perdón especialmente a los que sufren
las consecuencias de nuestros miedos, de nuestra impotencia o de nuestra
indiferencia y posible egoísmo.
Nos animan mucho las palabras del Papa Francisco: “el
perdón es una fuerza que resucita a una vida nueva e infunde el valor para
mirar el futuro con esperanza”, (MV 10). Nos sabemos perdonados por el Señor y,
por eso, renovamos nuestra esperanza y nuestro compromiso. Por eso, de nuevo,
nos dirigimos a los gobernantes, a los partidos, a los miembros de la sociedad
civil. Vuelvan a leer lo que escribimos hace diez años y, sobre todo, sigan
leyendo, recogiendo datos, analizando nuestra realidad. Eviten eslóganes y
concreten propuestas. Uno de los males de estos años ha sido el poner una confianza
casi mágica en algunas palabras: constituyente, reelección, misión de apoyo,
artículos pétreos… A
los responsables políticos, a los partidos, a cada uno de los elegidos para
representar la soberanía del pueblo les pedimos que se dediquen con más fuerza
a conocer mejor la realidad de nuestra Honduras; a estudiar la diversidad de
propuestas de las ciencias sociales, jurídicas, económicas y éticas y que
ejerzan su responsabilidades en conciencia y con transparencia. Dirigimos esa
petición a todos pero especialmente a los que se reconocen como católicos y
que, como tales, actúan en la vida pública.
Hemos meditado el mensaje que el Papa Francisco
nos ha dirigido especialmente a los Obispos de América Latina, a través de la
Carta enviada al final de los trabajos de la Pontifica Comisión para América
Latina, sobre la participación pública del laicado en la vida de nuestros
pueblos. Por eso, el llamado anterior va especialmente dirigido a los católicos
con tareas en las estructuras políticas que rigen nuestra convivencia. A ellos
y a cada uno de los bautizados les recordamos que. “Hoy en día –señala
el Papa en su Carta– muchas de nuestras ciudades se han
convertidos en verdaderos lugares de supervivencia. Lugares donde la cultura
del descarte parece haberse instalado y deja poco espacio para una aparente
esperanza”. Por esta razón, constatamos con el Santo Padre
que “ahí encontramos a nuestros hermanos, inmersos en esas
luchas, con sus familias, intentando no sólo sobrevivir, sino que en medio de
las contradicciones e injusticias, buscan al Señor y quieren testimoniarlo”.
Y también con el Papa nos preguntamos, junto a
nuestros presbíteros: ¿Qué
significa para nosotros, pastores, que los laicos estén trabajando en la vida
pública? Significa buscar la manera de poder alentar, acompañar y estimular
todo los intentos, esfuerzos que ya hoy se hacen por mantener viva la esperanza
y la fe en un mundo lleno de contradicciones, especialmente para los más
pobres.
Al terminar este Jubileo de la Misericordia
queremos dar gracias por los esfuerzos que el santo pueblo de Dios ya hace para
poner en práctica entre nosotros las obras de misericordia. Queremos alentar y
estimular esos esfuerzos. Queremos acompañar el permanente discernimiento que
nos lleve a un amor eficaz y transformador de las injusticias. Queremos, ahora,
insistir en la llamada a seguir profundizando en la exigencias de una caridad
política que nos convoca a todos a la reflexión y a la acción para no dejarnos
llevar por fáciles eslóganes de la publicidad sino a discernir y a optar
conscientemente.
Sólo podremos hacer un discernimiento político
válido y eficaz manteniéndonos cerca de los más pobres y con los más pobres.
Desde ellos valoraremos las propuestas de los responsables políticos; junto a
ellos exigiremos información veraz y cumplimiento de programas y proyectos; con
ellos soñaremos y abriremos puertas a la esperanza.
A veces esta llamada a la caridad política se
interpreta como exclusión o desprecio de unas “obras de misericordia” que hemos
recordado constantemente en este jubileo y que seguirán urgiéndonos. La tensión
entre misericordia y justicia se manifiesta cuando parecemos obligados a optar
por una u otra. Sin embargo, como recuerda la Bula Misericordiae Vultus“no son dos momentos contrastados
entre sí sino un solo momento que se desarrolla progresivamente hasta alcanzar
su culmen en la plenitud del amor”, (MV 20). Por eso, junto al llamado a abrir
caminos de justicia invitamos a todas las comunidades cristianas a seguir
escuchando y atendiendo el dolor, el hambre y la sed, la enfermedad
inadecuadamente atendida, el sufrimiento por tener que ser extranjero en medio
de riesgos y rechazos, el deseo y necesidad de rehabilitación cuando se cometen
errores y se genera dolor, el clamor por un respeto a la dignidad en el
trabajo, en la vida y en la muerte. Necesitamos continuamente comprometernos a
entrar en las llagas de Jesús para tocar al Dios vivo. Unas llagas que se hacen
más profundas en el espíritu, por la ignorancia, por el miedo, por la tristeza,
por la impotencia ante abusos y rechazos, por la incapacidad para dar y recibir
perdón, por el sentimiento de estar abandonados por Dios.
Jesucristo es el rostro de la misericordia del
Padre. Guiados por su Espíritu clamamos: ¡Padre, venga tu reino! Llevados por ese mismo Espíritu nos
comprometemos a salir cada día de nosotros mismos e “ir al
encuentro de cada persona llevando la bondad y la ternura de Dios! A todos,
creyentes y lejanos, pueda llegar el bálsamo de la misericordia como signo del
Reino de Dios que está ya presente en medio de nosotros”, (MV 5).
Que María, Madre de la Misericordia, nos acompañe
en nuestro caminar.
CONFERENCIA EPISCOPAL DE HONDURAS
Tegucigalpa, M.D.C.,
12 de octubre de 2016.
12 de octubre de 2016.
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